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Preparando la huerta de otoño
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jueves, 13 de agosto de 2015

SECAR TOMATES AL SOL

El secado o deshidratación de tomates es una técnica antigua que nos permite disfrutar del sabor intenso de nuestros tomates de verano durante el invierno. Una forma más de conservar este excelente fruto, tan apreciado por la mayoría de los consumidores.

La técnica es sencilla si seguimos los siguientes pasos:

- Elegir tomates de temporada, maduros pero firmes.





- Lavarlos y secarlos bien.
- Cortar en mitades e incluso en cuartos si son demasiado grandes.
- Añadir sal por toda la superficie, esto permite acelerar el proceso de evaporación (también en este momento se pueden añadir especias o hierbas al gusto).
- Colocarlos en una superficie con rejilla de forma que el aire circule con facilidad entre ellos.
- Cubrir con tela de tul para evitar la entrada de insectos.
- Colocar en un sitio lo más soleado posible.
- Cuando los veamos secos por un lado, les daremos la vuelta y repetiremos los pasos anteriores.

Dependiendo de la temperatura, los tomates tardarán entre días y semanas en secar. Si vivimos en zonas frías, deberemos ponerlos a cubierto durante la noche para que no se rehumedezcan con el rocío de la madrugada. Sabremos que están secos porque se oscurecen y dejan de estar pegajosos.

A partir de este momento,  podremos utilizarlos durante todo un año si los guardamos de forma apropiada. Para ello podemos utilizar botes de cristal con tapadera a los que incluso podemos añadir una bolsita de desecante (gel de sílice).

Son muchísimas las formas de utilizarlos. Entre las más sencillas, añadirlos a los guisos, de la misma forma que utilizaríamos un tomate natural, ya que se rehidratará en poco tiempo, soltando todo su intenso sabor. También se pueden poner en aceite o moler e incluso rehidratar para utilizar en ensaladas. En internet podéis encontrar todos sus usos.


Si queréis saber cómo embotar salsa de tomate o mermelada de tomate de forma adecuada, podéis visitar nuestro post del año pasado en el que os explicábamos esta otra forma de conservar tomates. 






viernes, 1 de agosto de 2014

A EMBOTAR !!


Si durante la primavera hemos hecho las cosas correctamente en la huerta  el clima ha sido favorable y las plagas nos han respetado,  Enhorabuena!!. Eso significa que ahora serán tiempos de abundante cosecha. Con el excedente, podremos hacer conservas, y así seguir disfrutando de nuestros productos fuera de temporada.

Nosotros llevamos un año haciendo algunas conservas, que utilizamos en casa y ahora también empezamos a distribuir.
  
Hoy os vamos a contar como embotar salsa de tomate. Antes de empezar, hemos de hablar de seguridad alimentaria. Una conserva mal elaborada , puede ser peligrosa debido a la bacteria Clostridium botulinum, causante del botulismo. Pero no hay que alarmarse, si seguimos unas normas de higiene lo evitaremos. Además, el tomate frito es la conserva más fácil para empezar, ya que es un medio ácido, y a Clostridium botulinum, le gustan los medios con pH mayor a 4.5 .

Para hacer la salsa de tomate, por supuesto hay que limpiar bien todos los ingredientes.  Nosotros usamos tomate, cebolla, pimiento, ajo, aceite de oliva virgen extra, sal, azúcar y alguna aromática como albahaca, orégano o laurel.

Mientras se va haciendo, ponemos a esterilizar los tarros y tapas que vamos a usar. Para ello han de estar al menos 15 minutos en agua hirviendo. Los tarros han de estar bien limpios, y tendremos que descartar cualquier tapa que presente abolladuras u oxidación. Ante la duda lo ideal es usar tapas nuevas y reutilizar el vidrio.

Una vez hecho el tomate, y según gustos, enterito, triturado, o pasado por el chino, pasamos a rellenar los tarros. Es importante, manejar los tarros con una pinza por dos razones, la primera es obvia...no quemarnos. La segunda, no contaminar el tarro metiendo los dedos dentro.La zona de trabajo, ha de estar  limpia.

Rellenamos dejando como 1 cm libre, mas o menos hasta donde suele cambiar el diámetro del bote para poner la tapa. Si al verter la salsa se ha manchado el borde conviene limpiarlo con un papel de cocina. Ponemos la tapa. Una vez rellenos los tarros y ya cerrados con su correspondiente tapadera, los volvemos a meter en el agua y los dejamos cubiertos completamente en agua hirviendo durante al menos 25 minutos. Pasado este tiempo, se sacan con cuidado, y se ponen boca abajo hasta que terminen de enfriarse. Una vez fríos notaremos como la tapa presenta un leve hundimiento, señal de que el proceso de vacío se ha producido correctamente.

 Haciendo esto, nuestra conserva se mantendrá en perfecto estado al menos un año. Es importante rotular en cada tarro la fecha, para consumir siempre los más antiguos. A la hora de consumirlos, descartar cualquier tarro que presente abombamientos en la tapa, cubiertas de moho o gases.